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miércoles, 21 de agosto de 2013

RECONOCIMIENTO DE ARQUETIPOS Y DECONSTRUCCIÓN DE ESTEREOTIPOS DE GÉNERO, UN PASO A LAS NUEVAS MASCULINIDADES

POR: IVÓN TAPIA ORNELAS

Los arquetipos, y estereotipos de género, son temas complicados, y muy sensibles en todas las sociedades,  ambas traen consigo un complejo arraigo histórico y cultural impregnado en lo más sutil del inconsciente colectivo, mismo que enaltecen a la complicidad e interpretación que pudiésemos dar desde diferentes opiniones, diferentes culturas, sociedades, estadios, tiempos y puntos de vista, este mosaico de diversidades sería incluso enriquecedor en el bagaje cultural, pero siempre diseñado en estructuras construidas durante largos periodos de tiempo.



Me atrevería a mencionar al gran maestro de la psicología analítica Carl Jung en su teoría de los arquetipos ya que detalla nuestra herencia psíquica, donde la mentalidad humana, la cual conserva la evolución de la misma sociedad,  desde el inconsciente colectivo y  donde se ve reflejada en nuestras emociones,  en lo aprendido de generaciones en base a  representaciones ancestrales, imágenes o simbología de cada cultura y sociedad, en cada época histórica.  Jung hace mención de la  teoría de la personalidad del Anima-animus (mujer-hombre), es decir las mascaras que nos ponemos ante el inconsciente colectivo, ligados a  los roles sexuales que jugamos  en la sociedad, de ahí es donde partimos para el desarrollo de este ensayo.





Los arquetipos representan ideas, mitos, leyendas, historias que son muy poderosas y fuertes,  ya que llegan al centro de la raíz de la psique del individuo, mismos que rigen una serie de valores, creencias, usos, costumbres, incluso, cargadas de moral y de culpas, que son heredadas por el individuo por generaciones y se sitúan explícitamente de manera geográfica y cultural  de diferentes estadios,  en distintos  tiempos y espacios. Estas ideas y creencias son construidas, dando etiquetas de lo que universalmente está permitido, de el significado de cada cuestión, de cada estereotipo, de los roles sociales y sexuales. Tales etiquetas, tales denominaciones, suelen ser avasalladoras, dominantes e inclusive determinantes para el individuo que no cuestiona, que simplemente toma y hace de si lo ya establecido, lo que ya está hecho y legalizado por las instituciones, y la primera institución es la familia.






Partiendo que el ser humano es la dualidad por naturaleza y que posee una dicotomía sexual,  y que ambos forman un todo y que la mitad de uno pertenece al otro. Teniendo en sí y en su  “yo” la otredad del ser una unidad, es decir lo masculino-femenino, que no van separados ya que nuestro cerebro  tenemos un claro ejemplo de esa unidad que se divide en dos hemisferios, dos polos izquierdo y derecho, pero unido entre sí para su optimo funcionamiento, podremos detallar que la otredad es parte de nosotros mismos y que los arquetipos no son meramente biológicos sino aprendidos y aprehendidos a través de las representaciones simbólicas generacionales.





El manejo de arquetipos es el arraigo de culturas, de mitos y de historias ancestrales, en los cuales las representaciones pesan como lastre en nuestro inconsciente colectivo, la figura del padre dominante generacional cuyo icono es la fuerza, el dominio, el poder, la parte protectora, convertida muchas de las veces en una tiranía absoluta e incuestionable,  otras en héroe, mientras que el arquetipo de la madre es una representación abnegada, sumisa, educadora, cuidadora, entregada, que no cuestiona, reprimida, dueña de sus hijos y de un hogar, dadora de vida, siempre al servicio de los otros, sujeta a  la potestad de una figura masculina para su protección ya que no es dueña de si misma, es siempre dependiente hasta en lo emocional.  Arquetipos que datan de siglos de antaño y que son reforzados por el núcleo familiar, las religiones  e instituciones y que se arraigan fuertemente al inconsciente, y  llevadas al consciente donde se vive la realidad.




Mencionemos como parte de todo el arraigo mencionado a los estereotipos de género que son un tanto más digeribles, y veremos que son las características y rasgos que se tienen que asumir en la sociedad, el comportamiento asignado a cada sexo:
El hombre no llora, es fuerte, es proveedor,  los niños visten de azul, juegan con carros, etc.;  mientras que la mujer, sufrida, entregada puede llorar todo lo que quiera, viste de rosa y juega con muñecas y juegos de té, etc.




Los arquetipos son formaciones universales generacionales, por mitos, leyendas, simbolismos, historia y que tienen un arraigo íntimo basado en un ideal, en un principio para generalizar  ya que es primario y ancestral, pero que sin embargo evoluciona en base al tiempo y las diferentes épocas históricas,  mientras que los estereotipos de género son para definir metas y lo que se busca para cada sexo, formaciones en representaciones que dividen y excluyen.





Ambas definiciones suelen ser ya inconscientes y manejadas como normales, patrones generacionales inculcados al inconsciente y devueltos al consciente en forma de actores, de roles sociales, culturales y sexuales de un comportamiento el cual es el correcto.




Estos aprendizajes son adquiridos por el principal pilar educador que es la familia, pasando después por a escuela, y las instituciones adoctrinadoras, aunado a esto también  el entorno social donde se desarrolla el sujeto y en la actualidad los medios de comunicación.




Hay opiniones donde se dice que el arquetipo y el estereotipo son totalmente diferentes por que el arquetipo suele ir más allá del tiempo y el espacio, donde las costumbres cambian a través de los años. Sin embargo pienso que van de la mano, ya que ambos no son, ni serán estáticos y ninguno de los dos son de carácter biológico.




Es entonces, que si es posible el cambio de forma de pensamiento y de la apertura a un pensamiento más abierto y al paso de nuevas ideas y construcciones benéficas  que nutran nuestro entorno y el mejoramiento de nuestras  sociedades. El libre albedrío es el mejor antídoto para lograr esta transmutación y dar el salto hacia la mejora de las generaciones futuras en base a la asimilación de arquetipos y la deconstrucción de estereotipos de género más ad hoc a nuestra modernidad y a lo que realmente sería un entorno de sociedad más productivo, mas llevadero, más feliz, más libre.




Es entonces que la otredad ya no se vería tal cual, aceptaríamos las diferencias, pero en unidad, en compañerismo y daríamos paso a una nueva educación más incluyente, más equitativa; a tal grado que llegando a equipararlas resultaría posteriormente algo que para muchas y muchos resultaría una quimera: la igualdad misma.




Tenemos que resaltar que la educación desde edades muy tempranas tendría que ser totalmente diferente, dando paso a la nueva generación de hombres más sensibilizados, más conscientes: “las nuevas masculinidades”




Las nuevas masculinidades buscan romper con paradigmas, con patrones de arraigo y sometimiento para la sociedad en general, el arquetipo del patriarcado quien es dominante, violento y que tras generaciones se vivieron en muchos hogares violencia intrafamiliar y desvalorización hacia las mujeres haciendo de estas entes invisibles al servicio y disposición de toda la familia, menos de ella mismas. Las nuevas masculinidades buscan la participación en el hogar,  así como la concientización de llevar una convivencia sana, de comunicación, de amor, de demostración y de equilibrio. Dejando así un espacio de armonía, de entendimiento, de valorización y de inteligencia emocional.




Las posturas arcaicas machistas datan desde hace siglos, son impuestas por el sistema, para llevar un mejor control, avaladas también por las diversas religiones. En un sistema de sometimiento para el hombre y la mujer, para todos los individuos en general, ya que el opresor y los oprimidos sufren por igual esta carga cultural y social.




La introspección de este mecanismo, es importante  por que nos da un amplio panorama  de que el poder masculino distorsionado dentro del hogar y la sociedad, ha servido a los que manejan los poderes políticos, económicos, culturales e ideológicos, para el  claro sometimiento y control de los individuos. Estas posturas patriarcales ahora resultan obsoletas y fuera de contexto, ya que hay mucha gente que va despertando cada vez más y más a un nivel de consciencia mucho más elevado. Esto lo podemos ver simplemente en la justicia, en el parámetro de no dañar a la otredad con nuestro comportamiento. Y no se está tocando en ningún momento alguna religión, simplemente es ver hasta donde puede uno como ser humano cambiar su  propio “yo” para transformarse a si mismo, a su entorno, empezando por su pareja, su familia, sembrando una semilla de consciencia colectiva.






La idea fundamental es llevar esto a la educación de los niños, en la familia que es el principal promotor del desarrollo del individuo  dese los 0 hasta los 6 años. La educación que se va a dar, la calidad en el despertar de una consciencia colectiva cuyo  propósito es el mejorar el estilo de vida para que la persona no sufra más castraciones sociales, y para el fluir de una sociedad más justa, más libre, con una mejor economía y con menos daños emocionales.







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